Respuesta directa
Los textos son la parte del proyecto que más se pospone y la que más determina si la web funciona. Un diseño mediocre con buenos textos vende; un diseño excelente con textos vacíos, no. Y en la mayoría de webs que se quedan a medias, lo que falta son los textos.
Por qué se atasca siempre aquí
El diseño se ve y entusiasma. El desarrollo avanza solo. Los textos exigen sentarse a pensar qué vendes y por qué deberían elegirte a ti, que es un trabajo incómodo y sin final evidente.
Así que se deja para el final. Y al final hay prisa, se rellena con lo primero que sale, y acaba publicándose una web que dice «somos una empresa joven y dinámica comprometida con la calidad». Que es lo mismo que dice todo el mundo, o sea, nada.
Las tres formas de resolverlo
Los escribes tú. Es la mejor opción cuando conoces bien a tus clientes y tienes algo de soltura escribiendo. La clave es no empezar con una página en blanco: con una estructura marcada y un guion de preguntas, la cosa cambia por completo. Cuesta tiempo tuyo, entre cinco y diez horas repartidas en una web pequeña.
Los escribe un redactor. Sale mejor escrito, pero el redactor no conoce tu negocio, así que necesita entrevistarte. Si no te entrevista, va a escribir generalidades. Es la opción de más calidad y la que más cuesta.
Los escribimos entre los dos. Es lo que hago normalmente: un cuestionario y una conversación para sacarte lo que sabes, yo lo ordeno y lo escribo, y tú corriges. Tú aportas el conocimiento, yo la estructura. Suele ser el mejor equilibrio entre tiempo tuyo y resultado.
Lo que no funciona es la cuarta vía, la habitual: «ya te paso yo los textos» y no llegan nunca.
Lo que hay que sacarte, escriba quien escriba
Da igual el camino: alguien tiene que responder a esto.
- A quién ayudas exactamente. No «a pymes»: a quién, con qué problema.
- Qué te preguntan siempre. Las dudas repetidas son las que hay que responder en la web.
- Por qué te eligen los que te eligen. Pregúntaselo a tres clientes. Casi nunca es lo que crees.
- Qué haces distinto. Aunque te parezca poca cosa.
- Qué objeciones te ponen. Precio, plazo, distancia, tamaño. Todas se pueden desactivar por escrito.
- Qué NO haces. Decirlo filtra y transmite criterio.
Esa última la valora poca gente y es de las que más confianza genera.
Escribir para el visitante, no para Google
Se sigue oyendo que hay que repetir la palabra clave. No: hay que responder bien a lo que la gente pregunta, con sus palabras y no con la jerga de tu sector.
Un cliente busca «cuánto tarda una reforma de baño», no «servicios integrales de rehabilitación». Si escribes como habla tu cliente, el posicionamiento viene detrás casi solo.
Ayuda enormemente escribir cada página con una pregunta concreta en la cabeza y responderla en el primer párrafo. Es la misma lógica de qué preguntar en el formulario de contacto: cada elemento tiene que justificarse ante quien está al otro lado.
Una señal de que los textos están mal
Léelos y pregúntate si tu competencia podría firmarlos sin cambiar nada. Si la respuesta es sí, no son tus textos: son relleno con tu logotipo encima.
Siguiente paso
Puedes ver cómo trabajo esta parte en contenidos y SEO, o contarme en qué punto estás en el estudio de proyecto.