Respuesta directa
Un menú QR bien montado apunta a una carta en HTML dentro de tu propia web. El error más repetido es que apunte a un PDF alojado en un servicio de terceros: pesa, se lee mal, no lo indexa Google y deja de funcionar el día que ese servicio cambia sus condiciones.
Por qué el PDF no sirve
Es cómodo de generar, y ahí acaban las ventajas.
- Pesa mucho. Dos o tres megabytes que se descargan enteros en el móvil del cliente, muchas veces con la cobertura del interior de un local.
- Se lee mal. Obliga a hacer zoom y a moverse en dos ejes. Un cliente mayor lo abandona.
- No aparece en Google. Un PDF se indexa mal y no compite por búsquedas de plato o de tipo de cocina.
- No es accesible. Un lector de pantalla se pierde en un PDF maquetado.
La carta es la página más visitada de la web de un restaurante. Dedicarle el peor formato disponible es desaprovechar el activo principal.
Qué hace bien una carta en HTML
Carga en menos de un segundo, se adapta a la pantalla sin zoom, se actualiza en un minuto y Google la lee.
Ese último punto es el que casi nadie valora. Cuando tu carta está en HTML, apareces en búsquedas del tipo «dónde comer migas en la comarca» o «restaurante con menú sin gluten», que son búsquedas con muchísima intención y muy poca competencia fuera de las ciudades.
Un PDF no compite en eso. Una página de carta bien estructurada, sí.
Cómo estructurarla
Por secciones claras, con los precios visibles y sin florituras:
- Entrantes, principales, postres, bebidas. El orden de tu servicio.
- Cada plato con su nombre y su precio. Si el nombre no se entiende solo, una línea de descripción.
- Alérgenos señalados de forma consistente.
- Los menús cerrados aparte: menú del día, de grupo, degustación, con lo que incluyen.
- Fecha de última actualización, que transmite que está viva.
Si tienes carta de temporada, dilo. «Carta de otoño» comunica producto de verdad y justifica que cambie.
El código QR, estático y apuntando a tu dominio
Genera un QR estático que apunte a la URL de tu carta, por ejemplo tu dominio más «/carta/». Estático significa que el código contiene la dirección directamente, sin intermediarios.
Los servicios de QR dinámico son cómodos porque permiten cambiar el destino sin reimprimir, pero introducen una dependencia: si dejas de pagar o el servicio cierra, todos tus códigos impresos dejan de funcionar. Con un QR estático hacia tu propio dominio, el control es tuyo.
Y esas visitas cuentan como tráfico de tu web, no del servicio de terceros.
La decisión que sí importa: quién edita
Aquí está el criterio que decide la tecnología, más que ninguna consideración técnica.
Si tu carta cambia a diario o cada semana, necesitas editarla tú desde un panel sin depender de nadie. Eso apunta a WordPress con un gestor sencillo, asumiendo su mantenimiento.
Si cambia dos o tres veces al año, una web estática rinde mejor, carga más rápido y no hay que mantenerla. Los cambios se hacen cuando toca.
Es la misma lógica que expliqué en qué debe tener la web de un restaurante: la frecuencia de edición manda sobre la preferencia tecnológica.
Errores que veo a menudo
Poner el QR solo en la mesa. También debería estar en el escaparate, para quien pasa y quiere ver qué ofreces antes de entrar.
No probar el QR después de imprimir. Suena obvio y falla más de lo que parece, sobre todo cuando el diseñador cambia la URL.
Cartas distintas en la web y en la mesa. Si el QR lleva a una carta y en el local hay otra con precios diferentes, tienes un problema.
Precios desactualizados. Es peor que no tenerlos: genera una conversación incómoda al pedir la cuenta.
Siguiente paso
Puedes ver cómo planteo estos proyectos en páginas web para restaurantes, o contarme cómo es tu carta y cada cuánto cambia en el estudio de proyecto.